Cómo afrontar la adolescencia de nuestros hijos

Fomentar la comunicación, la empatía o evitar la sobreprotección son algunas de las claves

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La adolescencia es, en muchas ocasiones, una de las etapas más complicadas tanto para los jóvenes como para sus padres, que suelen ver cómo la actitud de sus hijos cambia de la noche a la mañana sin llegar a entender muy bien por qué.

Durante esta etapa se producen significativas transformaciones, no sólo físicas sino también personales y sociales. Los niños pasan a ser adolescentes que buscan su propia individualidad, estilo y pertenencia a un grupo social.

Además, esta coincide con importantes cambios hormonales y en el entorno que provocan repentinos cambios de humor, hacen que se comporten de una forma más egocéntrica o incluso que esta repercuta también en los resultados académicos del joven.

Ante esta situación, en muchas ocasiones, los padres no saben cómo hacer frente a esta nueva situación ni qué pueden hacer para intentar ayudar a sus hijos. En este sentido, lo primero que se debe tener en cuenta es que la adolescencia no puede evitarse, pero esta pasará y sus efectos pueden ser muy diferentes dependiendo de cuál haya sido la situación de partida.
 

Consejos para afrontar la entrada de nuestros hijos en la adolescencia

 Fomenta la comunicación con ellos. Es normal que, durante esta etapa, los jóvenes no quieran compartir sus sentimientos con los padres o la familia y prefieran hacerlo con los amigos, por ejemplo. En cualquier caso, deben saber que sus padres están ahí para escucharlos, sentirse comprendidos y no juzgados.

No le juzgues. Como hemos dicho en el punto anterior, es importante que no se sientan juzgados. Escucha su opinión y no la juzgues antes de conocerla.

 Ponte en su lugar, practica la empatía. Ayúdale a entender que es normal que pueda sentirse preocupado o cohibido, pero hazle saber que estás ahí para lo que necesite.

Evita la sobreprotección. A los padres les cuesta hacerse a la idea de que sus hijos ya no son unos niños y de que sus necesidades van cambiando, van apareciendo nuevos retos y el papel de los padres, en este caso, es darles la autonomía necesaria para que puedan superarlos solos.

 Fija unas expectativas razonables. Es normal, y a todos los padres les pasa, querer que sus hijos estudien y saquen buenas notas, que se comporten correctamente, que colaboren en casa y ellos deben entender y percibir que sus padres se preocupan por ellos. Eso sí, sin llegar a ser extremadamente exigentes ni pretender que sean los hijos quienes hagan todo aquello que sus padres hubiesen querido y, por cualquier circunstancia, no pudieron hacer.  

 No le reproches su carácter, su mal humor o sus defectos. Todos nos equivocamos y echárselo en cara no le ayudará. Ellos son conscientes de que su forma de comportarse puede no ser la más adecuada, aunque no sepan cómo evitarlo.

Comparte con él una afición. Por ejemplo, practicar un mismo deporte puede ser una muy buena idea, ya que además de inculcarle un hábito saludable, se estará compartiendo un tiempo juntos y generando un vínculo afectivo.

 Identifica las señales de alarma. Como hemos dicho, los cambios en la adolescencia son normales, pero se debe estar atentos a cambios demasiado drásticos o duraderos ya que estos podrían indicar que hay un problema más grave de fondo que requiera ayuda profesional.

La adolescencia puede ser muy dura a veces, pero pasará. Si sientes que no sabes cómo afrontarla, recuerda que siempre puedes pedir ayuda.

 

Joana Casas

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